El norte de Taiwán esconde poblados típicos que no deberías perderte en tu visita al territorio asiático. Su costa impacta al visitante, ya que entre sus azuladas aguas se distinguen olas de color amarillento. Se trata de un fenómeno que ha intrigado a la población durante décadas, pero los expertos parecen tener una explicación razonable.
Jinguashi: El pueblo minero fantasma
Jinguashi vivió su esplendor entre los años 1934 y 1987, momento en el que esta pequeña montaña se convirtió en una gigantesca mina de excavación. Dentro de las minas se extraía oro, plata y cobre. El pueblo aparece de la nada, rodeado de árboles y construcciones mineras. Es como si quisiera esconderse de nosotros. Lo que más llama la atención es que haya edificios en diferentes alturas, de ahí que también se conozca como el «pueblo de las 13 plantas».
Y mientras que a un lado predominan las estructuras de cemento y los conductos serpenteantes de las minas, por el otro lado de la ladera se vislumbran decenas de tumbas de aquellos mineros que perdieron la vida a temprana edad, puesto que los humos tóxicos de las minas se encargaban de acortarles las vidas.
Taiwán se convirtió en isla japonesa entre los años 1895 y 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses enviaban a sus prisioneros de guerra a estas minas. Sin embargo, después de que el país nipón perdiera en la guerra, Taiwán regresaría a manos de los chinos.
Jinguashi fue clausurado en el año 1987, momento en el que se produjo un gran incendio que acabó con la ciudad. Se decidió no restaurarla. En la actualidad solo quedan las ruinas de un pueblo fantasma repleto de tumbas que miran al horizonte.
Algunos expertos aseguran que todavía hay metales preciosos en esta zona. De hecho, todavía podría haber reservas de oro, pero acceder al interior de los túneles está terminantemente prohibido. Solo hay un pequeño túnel abierto al público.
El misterio de las aguas que se tiñen de amarillo
Al divisar las vistas del mar, sorprende que entre el agua azulada, aparezcan olas en la orilla de un color amarillento. Durante los años de actividad de las minas, se pensaba que estas manchas provenían de vertidos de las fábricas de metales. Sin embargo, estas fábricas llevan 30 años sin actividad y las manchas persisten. Los expertos opinan que este fenómeno ocurre debido a la presencia de los metales preciosos en el lugar, que tiñen el agua de los ríos de la montaña hasta acabar acumulándose en la orilla del mar.
Jiufen, el pueblo de diversión de los mineros
Jiufen era el pueblo donde los mineros encontraban momentos de ocio, con restaurantes, bares y hasta un teatro. Hoy en día se ha convertido en un curioso lugar de calles estrechas repletas de turistas que no temen las altas temperaturas y la humedad. Estas callejuelas pueden convertirse en una pesadilla para los claustrofóbicos.
En este típico pueblo chino, destacan las casas con tejados hechos de puro petróleo, un material que se usaba antiguamente para evitar las filtraciones en la época de tifones, pero que hoy en día ha dejado de utilizarse por el calor que provoca durante los meses de verano.
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